Al observar la forma en que Jesús se relaciona con sus apóstoles —como lo muestra de manera muy humana la serie The Chosen— aparece un modelo de liderazgo radicalmente distinto al que muchas organizaciones replican hoy.
Jesús no lidera desde el síntoma, lidera desde el hábito.
No intenta “arreglar” a sus discípulos; los forma.
Ve personas antes que funciones. No llama expertos, llama seres humanos con historia, dudas y contradicciones. No los elige por estar listos, sino por estar dispuestos.
Tolera el error como parte del camino. Pedro falla, duda, se equivoca. Tomás cuestiona. Los demás compiten entre sí. Jesús no reacciona con castigo ni con control, sino con acompañamiento y corrección consciente. Entiende que el error no es una amenaza, sino información.
Ajusta su liderazgo a cada persona. No habla igual con todos, porque sabe que liderar no es repetir un discurso, sino leer al otro. A algunos los confronta, a otros los espera, a otros los sostiene en silencio.
Confía antes de tiempo. Envía a sus discípulos a enseñar, sanar y liderar cuando aún no dominan el proceso. Porque sabe que la confianza es un generador de capacidad, no una recompensa por portarse bien.
Corrige sin humillar. Cuando debe confrontar, lo hace protegiendo la dignidad. No expone para demostrar autoridad. Su liderazgo no nace del miedo, sino del respeto.
Vive lo que enseña. Ora, descansa, se retira, siente, se cansa. No lidera desde una imagen idealizada, sino desde la coherencia entre su interior y su acción. Su autoridad no proviene del cargo, sino de su alineación interna.
Y quizá lo más potente: Jesús no se obsesiona con el resultado inmediato. Se enfoca en formar personas capaces de sostener una misión más allá de su presencia.
El liderazgo como origen del síntoma
Cuando se observa este modelo, resulta inevitable una pregunta incómoda para cualquier líder actual:
¿Qué están manifestando mis equipos sobre mí?
Porque los equipos, como el cuerpo, hablan.
Y lo que dicen rara vez se soluciona solo con analgésicos.
El verdadero liderazgo no consiste en apagar incendios, sino en revisar qué hábitos, qué creencias y qué formas de relación los están provocando. Liderar es asumir que la salud del sistema comienza por la salud interior de quien lo guía.
Tal vez el mayor aprendizaje no sea copiar lo que Jesús hacía, sino comprender desde dónde lo hacía.
Ahí empieza el liderazgo que transforma.
No desde el síntoma.
Desde el hábito.